Siempre que he escuchado este síndrome sufrido por escritores, he entendido su significado desde un punto de vista semántico, es decir, sabía a lo que se referían. Sin embargo, abrí hace un par de semanas este blog y todavía no he escrito (o mejor dicho, publicado nada, ya que mi carpeta de borradores está llena), hasta hoy. Por primera vez, he sentido, y no sólo entendido, lo que supone padecer este síndrome. Siendo realistas, en mi caso es un hobby, un pasatiempo, nada comparable con la necesidad de escribir para comer.
He de reconocer que es la primera vez que escribo lo que pienso, siempre he sido un apasionado de las conversaciones y nunca he valorado tanto lo que me aportaban mis interlocutores como cuando me he sentado delante del ordenador dispuesto a escribir una entrada para mi blog. En todo este tiempo de bloqueo cognitivo, he leído entrevistas a artistas, desde cineastas a escritores, sin olvidarme de compositores, pintores, etc. Buscaba una frase, una idea que sirviera de medicamento contra este mal que, sin ser grave, no deja de ser frustrante. A lo largo de este período, no ha faltado la introspección sobre los posibles motivos que me causaron una incapacidad total para hacer clic sobre el botón "publicar entrada". La conclusión a la que llegué es que estaba poniéndome en la piel del posible lector, pensaba constantemente en lo que el lector querría leer y/o esperaba de mí. Esto resulta sencillo si sabes que es una única persona la que va a leer tu entrada, ya que simularía una conversación, sin embargo, se torna imposible cuando intentas satisfacer a todos esos lectores que crees puedan llegar a leer lo que escribes. Cuando realizas algo para alguien, la lógica me lleva a imaginar qué es lo que busca esa persona, que le haría feliz o le reconfortaría. Es por ello que no concebía escribir sin pensar en el lector, creando un círculo vicioso que acababa conmigo delante del ordenador sí, pero sin escribir.
Hace unos días, leyendo una entrevista realizada al poeta Juan Gelman noté súbitamente un alivio emocional que se extendía por todo el cerebro. La frase que dijo es tan sencilla y evidente como reveladora: "No pienso en el lector al escribir". Simple, claro, sin alardes, hasta obvio podríamos decir. En mi caso personal, determinante. Gracias a ello aquí estoy, escribiendo y deseando pulsar el botón que abra la puerta de una experiencia enriquecedora y,por qué no decirlo, apasionante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario