miércoles, 11 de mayo de 2011

Algo Está Cambiando

Todas las personas han oído alguna vez la palabra empatía. De hecho, la usan en sus discursos sin saber muy bien que significa. Unos la definen como "la capacidad de ponerse en el lugar del otro". Otros van un poco más allá y añaden un componente de comprensión hacia la situación que está viviendo esa persona. Siempre se ha asociado a la tragedia, a la pena, pero imagino, porque no lo sé, que también se podría aplicar a la alegría, al júbilo. En definitiva, se podría decir que todo el mundo sabe lo que es y sería complicado preguntar por la calle y encontrar a alguien que no supiera definirla independientemente del acierto. También podríamos afirmar que es una cualidad que la gente la denomina como positiva, saludable, entonces, ¿por qué no rige nuestra sociedad esta cualidad considerada por la propia sociedad como beneficiosa?

Buscar culpables es imposible. Los factores que influyen en el hecho de que la empatía sea la gran olvidada son demasiados, además de la dificultad que entraña delimitarlos ya que unos se solapan con otros. Podríamos hablar del capitalismo, del tamaño de las ciudades, del estilo de vida, etc. y todos serían argumentos muy plausibles para determinar las causas de la falta de empatía. Sin embargo, yo me quiero detener en uno que a lo largo de los años se ha mantenido inmutable a pesar de los grandes cambios que se han producido en la sociedad. Es uno de los sistemas que actualmente está sufriendo una revolución, un lavado de cara, para adaptarse al mundo actual. No es otro que el sistema educativo.

Siempre se ha dicho que la educación es el pilar de la sociedad, que los jóvenes son el futuro, y todo eso es cierto, pero no se ha sabido cuidar. Preguntando a mis padres y abuelos cómo era la educación que ellos recibieron, remarcar que no distaba mucho de la que yo había recibido. Los contenidos han cambiado pero el sistema sigue siendo el mismo. La educación se basaba en llenar el cerebro de los niños con la mayor cantidad de datos y habilidades posibles y acordes a su edad. Dejaban a un lado, marginaban la condición humana y social de los estudiantes.

Nos hemos olvidado de las emociones, de los sentimientos, de los valores, de lo que los religiosos denominan alma. Vivimos en una sociedad donde giramos al cabeza al que pide ayuda, donde disimulamos para no ayudar a la persona que no pide ayuda pero que sabemos que la necesita. Hemos llegado a un punto donde somos incapaces de empatizar con la persona que está alegre, ya que su éxito ilumina tu fracaso. Ahora más que nunca, la sociedad dejó de ser tal para dar paso a un conjunto de personas.

Apuesto por la educación de las generaciones futuras para revertir esta tendencia, que justamente en estos momentos, tanto se necesita.

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